jueves, 3 de agosto de 2017

LOS REFUGIOS DE LA MEMORIA, de J. L. Cancho

Mi intención en este proyecto ha sido escribir una prosa sin filtros, sin artificios, sin disfraces, sin retóricas, pero una vez más he vuelto a constatar que no hay escritura posible sin que intervengan algunos de esos elementos. Siempre hay una corriente ficticia que fluye en los túneles subterráneos de lo real, tal como escribió Gay Talese (p 82. La negrita es mía)

José Luis Cancho sabe que las palabras son la única materia con las que trabaja el escritor. Bueno, las palabras y los silencios. Lo que se cuenta y lo que no se cuenta. Lo que significa aquello que se utiliza y lo que se deja, intencionadamente, de utilizar. Sabe que los recursos están ahí para ser utilizados de la forma más eficaz posible. Si no fuera así, el lector tendría en sus manos una verborrea insufrible de la que es mejor no dar ejemplos. En ese sentido, Los refugios de la memoria es una autobiografía eficaz. 

J.L. Cancho comienza su itinerario biográfico-literario con una reflexión en torno a la memoria, las palabras y el adelgazamiento de la escritura, y con un hecho biográfico brutal: la caída al vacío desde una comisaría vallisoletana. Son los dos elementos fundacionales de todo el relato con los que se va abriendo paso a través del tiempo y de las páginas.

Muchas son las virtudes de este librito —85 páginas— que se lee con placer y con provecho, más allá de las anécdotas biográficas. La vida es eso que se nos escapa a cada segundo que pasa y que intentamos ordenar de la mejor manera posible para que tenga sentido, al menos para nosotros mismos. Ese intento es el que ha llevado al autor a redactar los veinte hermosos capítulos que componen el libro.
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Disponéis de un par de comentarios más extensos y profesionales que el mío en estos enlaces:

2 comentarios:

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